Llegamos a Cuzco el 29 de Diciembre, cansadas ya de tanto viaje en bus. El parque central de la Plaza de Armas es hermoso, muy colonia, con sus iglesias, la Catedral y hermosos balcones que se llenan de bares y restaurantes, donde uno ve gente de todas partes del mundo.
Nos re-encontramos con mi amigo Paul, un australiano que conocí en Medellín. El vino a hacer parte de la familia, un hombre cariñoso que llama a mi mamá: “mamá Colombiana” y a manue y a mi, “hermanas Colombianas”. Cenamos con el, y escuchamos con orgullo, porque considera a Colombia, su país favorito de Latinoamérica.
Al siguiente día tomamos un bus hasta Ollantaytambo y de allí el tren hasta Aguas calientes, que queda a 30 minutos en bus de Machu Pichu
Aguas calientes es un pequeño pueblo (solo para el turismo) en medio de un valle de montañas y del río Urubamba. A mi me encantó ver todos esos turistas con pintas de expedicionarios, aventureros, con mochilas, bastones, botas, de todo… pero la sensación es totalmente de aventura. Saber que todos los que están allí, es porque que van o han venido de Machu Pichu, te hace cómplice del mismo viaje…
Siempre Pensé que Machu Pichu era un lugar frío y en lo alto de una montaña. Me equivoqué, descubrimos que para ir a Machu Pichu, hay que “bajar” y que esta a 2.400 mts y que no es tan frío como esperábamos. Salimos de Aguas Calientes a las 5:30 am y al llegar a Machu Pichu estaba todo todavía muy nublado. Nuestro guía nos llevó por un camino que conducía a lo mas alto y desde allí empezó a contarnos sobre la ciudad perdida de los incas. Mientras el habla, se empezó a despejar lo que si que esperábamos de Machu Pichu: primero se despejaron las montañas que nos rodeaban, de formación rocosa y cubiertas con una vegetación increíble. Mas tarde se pudimos ver lo que en la antigüedad fue una gran ciudad inca. Divisamos las terrazas, los templos, los caminos, las casas… todas construcciones de rocas perfectamente encajadas. Parecía todo un solo altar, todavía no alcanzo a comprender como fue construido todo esto, a esta altura (sin caminos en esa época) con piezas gigantes en piedra que debieron ser cargadas hasta allí, con uniones perfectas (sin pegamentos ni nada parecido) y todo tan perfectamente alineado con el universo, que parece un universo en si mismo.
Todo esta alineado; las piedras con sus esquinas y las montañas, las ventadas y la luz del sol, las estrellas y la distribución del espacio, todos y cada uno de los elementos, están conectados con las estrellas, la luna, el sol y la Pacha mama (madre tierra). Es una ofrenda a los todos los mundos: Hanang Pacha (Mundo de arriba) – Kay Pacha (Mundo actual) y el Uju Pacha (Mundo de abajo), acá se unen el cielo y la tierra, arriba y abajo, pasado y presente, pero sobre todo, para mi, siento que se junta lo racional y lo espiritual, porque uno se siente parte este mundo pero con alas a otros universos.
Decidí pues, subir el tan famoso Huaynapichu “cerro joven” sin la compañía de manue y mi mama, pues se veía bastante alto y difícil de subir. Me armé de valor y un poco de orgullo y decidí pues emprender la caminada, que no fue fácil pero que a paso moderado y paciencia, logré tras 50 minutos de subida. Huaynapichu tiene como 3.000 mts y la mejor vista de Machu Pichu, desde allí si que entendí la dimensión del asunto. Ahora si, visualicé un gran imperio, la conexión con el entorno y con otros puntos, que yo creo, están por descubrir. Machu Pichu no es solo las ruinas arquitectónicas del imperio inca, creo que no seria lo mismo, sino estuviera en la locación que esta, esas montañas potencializan su aire de grandeza, su conexión cósmica con el cielo, la tierra y el agua. Hay balcones y miradores pero la parte alta consciente en unas piedras, donde todos queremos sentarnos a meditar, donde la vista de 360 grados provoca quedarse. También el vacío es interesante, esos precipicios que se ven, parecen llamar a ese paso a la eternidad, una sensación extraña entre miedo y emoción.
La bajada fue mas dura que la subida, ya que tras el esfuerzo y los diminutos escalones, las rodillas tiemblan y es difícil mantener el equilibrio. Cuando llegué a la entrada de nuevo, me sentí como una héroe, como una alpinista después de conquistar la cima, afortunadamente allí estaba esperándome la mamá, que como leyendo mis pensamientos, me dijo lo orgullosa que esta de mi! Como ya mi mama y manue habían visitado Machu Pichu, decido quedarme sola y recorrer con calma lo que me falta, una maravilla por descubrir, porque esa soledad me absorbió en mis pensamientos y teorías, Imaginé unas historias en la cabeza y me recree como habría sido todo aquello muchos años atrás, me sentí parte de ello, sentí que todos y cada uno de los turistas, se convirtieron en incas que vivían su día a día y que este espacio volvía a tener la vida de siglos atrás… decidí volver a Aguascalientes y descansar un poco antes de comer, me parece increíble, que ya visite una de las 7 nuevas maravillas del mundo, que por fin visite ese sitio que tanto anhelaba, que me recargué de energía ancestral para este 2008 que se nos vino encima. Allí, en Machu Pichu reconfirmé porque me encanta viajar, porque la curiosidad me lleva a sitios inesperados que superan cualquier expectativa y comprendo porque su nombre significa “ombligo” que para mi se traduce en “vida” y que mejor forma de empezar nuevos ciclos… recargando mi cuerpo y alma de la energía de la Pacha Mama, esa madre tierra que nos sorprende con sus grandiosos poderes ancestrales.
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